En esta etapa de la educación preescolar, las emociones son sentimientos que experimentan las personas, como alegría, tristeza, enojo, miedo, sorpresa y amor. Aunque las emociones parecen ser más relacionadas con las áreas de la salud o la comunicación, también tienen un vínculo importante con las matemáticas, ya que nos ayudan a entender cómo nos sentimos cuando algo nos gusta, nos asusta o nos sorprende, y cómo podemos aprender a reconocer esas sensaciones en nosotros y en los demás.
Para los niños pequeños, las emociones son muy visibles y fáciles de identificar, por eso se pueden usar objetos, gestos y juegos para explorarlas. Por ejemplo, cuando un niño se siente feliz, puede sonreír o saltar; si está enojado, puede cruzar los brazos o llorar. Como docentes, podemos aprovechar estos comportamientos para introducir conceptos matemáticos simples, como contar cuántos niños están felices o tristes, o clasificar las emociones según su intensidad o frecuencia, usando cantidades o categorías.
Es importante comprender que las emociones también nos ayudan a aprender mejor. Cuando un niño está contento, está más dispuesto a participar y aprender. Pero si está triste o enojado, puede tener dificultades para concentrarse. Por eso, en esta edad, las emociones se relacionan con la forma en que los niños interactúan con el entorno y con sus compañeros, y también con cómo perciben y entienden las cantidades, los números y las formas a través de su estado emocional.
Podemos usar metáforas sencillas, como imaginar que las emociones son como diferentes colores o tamaños de globos. La alegría puede ser como un globo amarillo brillante, que nos hace sentir felices y ligeros. La tristeza, como un globo azul oscuro, que nos pone un poco tristes. Esto ayuda a los niños a entender que las emociones vienen en diferentes "tamaños" y "colores", y que todas son normales y válidas. Además, los niños aprenden a identificar sus sentimientos y a expresarlos con palabras, lo que favorece su desarrollo emocional y social, además de fortalecer su comprensión de conceptos básicos de cantidades y clasificaciones en matemáticas.
Por último, es importante que el docente tenga presente que las emociones no solo están relacionadas con cómo nos sentimos, sino también con cómo actuamos. Por ejemplo, si un niño se enoja porque no puede resolver un problema, podemos enseñarle a reconocer esa emoción y a buscar formas de expresarla sin violencia o tristeza profunda. Esto favorece un ambiente emocionalmente saludable, donde los niños puedan explorar y aprender de manera segura, usando las matemáticas como una herramienta para entender mejor su mundo interno y externo.