2° MI LIBRO DE SEGUNDO AÑO DE PRIMARIA DE 1960
COMISIÓN NACIONAL DE LOS LIBROS DE TEXTO GRATUITOS DEPENDIENTE DE LA SECRETARÍA DE EDUCACIÓN PUBLICA Doctor Río de la Loza, Núm. 116, México 7, D. F. ® Diciembre de 1960

Actividades de lectoescritura y pensamiento matemático inspiradas en la escuela de 1960
Los libros de segundo grado de la década de 1960 llegaron a las aulas mexicanas con un propósito claro: que los niños y niñas fortalecieran lo aprendido en primer año y avanzaran hacia la lectura fluida, la escritura correcta y la resolución de problemas sencillos. En aquella época, la caligrafía, la memorización de tablas y las lecciones basadas en la vida diaria eran la base de la enseñanza. Hoy podemos recuperar esas prácticas y adaptarlas a nuestros estudiantes, combinando lo mejor de la tradición con las necesidades actuales.
- Ejercicio de caligrafía con refranes y dichos populares. Escribir en el cuaderno con letra cursiva refranes como “El que madruga, Dios lo ayuda” o “En boca cerrada no entran moscas”. El alumno copia la frase tres veces, cuida la separación entre palabras y la forma de cada letra. Después dibuja una escena que represente el refrán. Esto desarrolla la motricidad fina, la ortografía y la comprensión del lenguaje figurado.
- Lectura en voz alta con preguntas de comprensión. Elegir un texto breve de unas 80 a 120 palabras, por ejemplo, un cuento sobre un niño que va al mercado con su abuela. El maestro o padre lee primero en voz alta con entonación y el alumno escucha; luego el niño lee la misma lectura tratando de imitar el ritmo. Al final se hacen preguntas directas: ¿A qué fue el niño al mercado? ¿Qué compró? ¿Cómo se sintió? Se responde primero oralmente y después por escrito en oraciones completas.
- Dictado de palabras con sílabas trabadas. Trabajar con listas de palabras que contienen combinaciones como pl, br, tr, gl, por ejemplo: “plato”, “brazo”, “tren”, “globo”. El maestro dicta cinco palabras diarias. El alumno las escribe en su cuaderno, las separa en sílabas y subraya la sílaba trabada. Después crea una oración con cada palabra.
- Resolución de problemas de la vida cotidiana con monedas. En los libros de 1960 era común plantear situaciones de compra y venta sin usar decimales complicados. Por ejemplo: “Si un pan cuesta 5 centavos y la señora paga con una moneda de 20 centavos, ¿cuánto le sobra?”. Se anima al niño a usar dibujos de monedas (de 5, 10, 20 y 50 centavos, así como de 1 peso) para representar el problema y encontrar la respuesta. Se practica la suma y la resta con números hasta el 100.
- Memorización de las tablas de sumar. Antes de dominar la multiplicación, los alumnos de segundo año memorizaban combinaciones de sumas como 7+5=12, 8+6=14, 9+7=16. El ejercicio consiste en presentar una tabla con estas combinaciones y practicarla en voz alta cada día, como un juego de preguntas rápidas: el maestro dice “8+6” y el niño responde de inmediato. Se puede convertir en un juego de relevos por equipos.
- Redacción de oraciones sobre láminas o escenas. Mostrar una ilustración sencilla de una escena familiar (una cocina, un parque, una granja). El alumno observa durante un minuto y luego escribe en su cuaderno al menos cinco oraciones que describan lo que ve: “La señora barre la cocina”, “El perro duerme bajo la mesa”. Se revisa que cada oración empiece con mayúscula y termine con punto.
- Práctica de números ordinales y secuencias. Con ayuda de una fila de carritos o fichas, el niño identifica el primero, segundo, tercero, cuarto y quinto lugar. Después escribe los números del 1 al 100 de memoria en su cuaderno, de diez en diez, primero en orden y luego saltando números (por ejemplo, escribir del 10 al 100 contando de 10 en 10, después de 5 en 5). Esto fortalece el sentido numérico.
- Copia de poemas y canciones infantiles. Textos como “La patita”, “El perrito” o pequeños poemas de la época se copian en el cuaderno para practicar la escritura, la ortografía y el ritmo. Después se aprende de memoria y se recita frente al grupo o la familia. Esto refuerza la expresión oral y la confianza del niño.
Recomendaciones para trabajar estos ejercicios en casa o en el aula
Para obtener buenos resultados, es importante que los adultos acompañen la práctica con rutinas breves y constantes. Al dedicar veinte o treinta minutos diarios a estas actividades, el niño no se satura y mantiene el interés. Es recomendable que el maestro o el padre de familia lean primero las instrucciones en voz alta, resuelvan el primer ejemplo junto con el niño y luego permitan que trabaje solo, ofreciendo ayuda cuando sea necesario. Celebre los aciertos con palabras de aliento y corrija los errores con paciencia, señalando cómo hacerlo mejor. En el caso de la caligrafía y el dictado, conviene revisar el cuaderno cada semana y mostrar al alumno sus avances. También puede ser útil recrear el ambiente de la escuela tradicional: un espacio limpio, ordenado y con pocos distractores, donde el niño se sienta tranquilo para leer, escribir y pensar.